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Dowek Diana, en Berazategui

Mujer y trabajo: “Un día en la vida de María Rosario”

Centro Cultural Municipal “León F. Rigolleau”, Berazategui.

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La muchacha y sus días

Escogemos una de las imágenes. Adelanta lo que podría ser una fábrica. Entre verticales y horizontales de cierta modernidad advertimos una construcción presuntamente volumétrica, erecta, potente. A su pie nace una transversal  que, creando lejanía y proximidad se desliza rápida hacia nosotros,  sellada por el control de un guardián algo borroso. La única sensación de movimiento la da el amistoso señalamiento peatonal que indica en ausencia. Nada que escape al concepto de una correcta arquitectura
funcional, salvo el silencio. Alerta. Inquieta, así como las duras líneas del portón, de presidio,   que sin embargo invitan a entrar superando una visión de alto voltaje simbólico.  Nos lo esperábamos de Diana.
La serie de obras de esta nueva exhición dirige la mirada hacia un trabajo llevado a cabo únicamente por personajes femeninos, dedicados a  una ocupación de las que se destacan sucesivas etapas. Mujeres siempre activas, se  las ve de a dos, de a tres, en grupo, también una sola. ¿Anónimas? Si y no, hay diferencias no vistosas pero precisas desde rostros prácticamente desdibujados hasta una caracterización mucho mayor que llega a la interacción personal, al diálogo. Además, ya habíamos apreciado algo que se entrecruza de continuo con estas imágenes, que les es evidentemente correlativo, la cara de una muchacha de pelo renegrido, indiscutible protagonista. Es ella, entonces, en su relación con aquéllas, ocupadas en la faena cotidiana, en situaciones puntuales donde la  singularidad se pierde frente a un registro general tendiente, nos parece, a proyecciones más  universales (cuestión que discutía Berni).
El recorrido de las pinturas nos revela el cumplimiento de una actividad racional,  repetitiva, obligatoria, de control y de resultados previsibles.  Inventando mediaciones, la artista busca y obtiene su oportunidad, lo que es su chance específica, eminentemente plástica.  La  apariencia de realismo se torna menos sostenible frente a soluciones que selecciona con solvencia , con variaciones que no resultan  imperceptibles. Así la articulación de blancos  que instalan  la escena en un lugar suspendido, en esa realidad
irrealizante típica de la imagen.  Un imaginario, el de Diana,   que se complace visiblemente en la reiteración lineal, la repetición de círculos, la alternancia de fragmentos en  direcciones plurales hábilmente arquitectadas. Son señales múltiples de un aliento  estructural que ella concreta manipulando diversos niveles de abstracción, entremezclados,
como en un tablero ideal donde sin extorsiones se juega la siempre actuante relación  de lo figurativo y lo abstracto. Despliegues que ocupan los grandes planos de telas en las que asistimos al desencadenarse de opciones estéticas y de las actividades allí representadas: eficaces,  ordenadas, finalmente mecánicas.
El del trabajo no es el único horizonte;  hay otro, el de la intimidad de ella, la jovencita ( la dialéctica oposicional, una constante en la trayectoria de la artista). La anomia de la producción económica versus  la modulacion personal de una mujer joven. En su casa, en su habitación, en actitud  testimonial, quieta, sin palabras. Sobran. También en pintura, donde no se habla.
La producción  que hoy presenta  el Centro Cultural Borges no deja de insertarse,  con variantes no intrascendentes, en la gloriosa tradición que hizo época en torno a la denuncia social, aquí en sordina.  Desde la Ema de Spilimbergo  hasta la querida Ramona Montiel se trata de una auténtica saga  pictórica que ya merece pertenecer a la historia de nuestra cultura, y que algún día podría asperar a ser difundida y  obtener,  con el crédito de cierta merecida  identidad cultural,  algunos de los honores que hoy parecen exclusivos del mate y del fútbol.
A diferencia de aquéllas que mencionamos, la muchacha de Dowek  no es botín sexual. Es sencilla, veraz, enfrenta lo que no ve, no nos mira pero la vemos. Trabaja. Está bien. Es útil a la sociedad, habrá que ver cómo la sociedad le responde. Cuestión abierta. Por lo pronto algo es evidente: es testigo, irrenunciable.
Rosa María Ravera