Iglesias Brickles Eduardo
El tiempo que huye
… contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando…
Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre.
La vida es breve, y el tiempo no regresa, no mira hacia atrás. Lo mismo sucede con las palabras no dichas o los gestos no mostrados: ya nunca serán. Estos temas son comunes a todas las religiones, todas las razas y todos los tiempos. En todos los casos, la muerte es señalada como el fin de la existencia, pero también como su confirmación. Y es un tema propio del arte en todas sus formas, contra el cual el arte mismo se revela, ya que el hombre crea buscando trascender esa frontera, esa limitación que es propia de la naturaleza humana.
En la Edad Media, por ejemplo, surge la Danza de la Muerte, una obra de principios de siglo XV en la que la Muerte va llamando a bailar a diversos personajes: el Papa, el Obispo, el Emperador, el Sacristán, el Labrador. Esta danza recuerda que los goces del mundo son perecederos, y que debemos estar preparados para morir, a la vez que, al hacer que todos mueran antes de que finalice el baile, con independencia de su edad o su posición social, da testimonio del poder igualatorio de la muerte.
Esta muestra de Iglesias Brickles se instala en esa línea y da cuenta de esta igualación, a la vez que trabaja el paso irremisible del tiempo. En esencia podríamos decir que los temas centrales son la memoria y el tiempo. Si a esto se añaden las reflexiones sobre la historia, la nostalgia ante la fugacidad de la vida, del éxito y del placer, se va configurando la muestra como un friso, una obra total devenida en conjunto por la fuerza de la idea.
La muestra se divide en tres unidades temáticas, cuyas obras agrupan a personajes que podríamos definir como “conocidos”, “desconocidos” y “ausentes”. Grandes protagonistas de nuestra historia argentina son exhibidos junto a seres anónimos, similares a los labradores medievales, igualados a los primeros por la fragilidad de su condición humana. La tercera unidad, la de la ausencia, muestra los escenarios vacíos, a los que ni esos ni otros personajes podrán volver.
Distintos personajes, a los que podríamos denominar “conocidos”, “desconocidos” y “ausentes” pasan aquí a convertirse en realidad tangible, adquieren forma e identidad. Las pinturas de Iglesias Brickles son de una sencillez sólo aparente, ya que si el espectador se detiene un momento ante ellas, percibe que ocultan claves y signos que se disimulan tras lo que a primera vista se muestra. El artista penetra en el alma de sus personajes, que sólo se ofrece a quien sabe ver.
Conocidos
A través de estas imágenes, la fisonomía y algo del alma de personajes como Eva y Juan Domingo Perón son revelados por la pericia de este artista. Por eso Iglesias Brickles representa una Evita equilibrada, una mujer trabajadora, retratada sin excesos y acompañada de su gente. Pero también la muestra sosteniendo en sus manos un vacío, que desafía no tanto por la comprensión que exige como por la turbación que provoca en el alma del espectador.
Evita es una luchadora, una mujer llena de amor por su pueblo, que logra, a fuerza de un trabajo que se lleva su vida, transformar la historia. Esa Evita que trabaja con la gente, la Evita de traje sastre, o la de camisa descubierta y melena al viento, es una abanderada que trasciende su propia muerte, y sigue presente de mil maneras.
La figura de Perón, en su retorno después del exilio, marca las historia de una generación que aprendió a vivir con la esperanza. Porque a pesar de los reduccionismos y las fragmentaciones de la historia, esa figura también marca un cambio que supera todas las barreras, incluso la de la propia muerte. Aunque “todos vamos pasando, y el tiempo cono nosotros”, dice Iglesias Brickles que dice Neruda. Y las palabras, aún como mero elemento plástico, dejan deslizar una cierta inquietud.
Desconocidos
La fuerza expresiva y la ironía son rasgos presentes en las obras colgadas. Así, se expresan en líneas simples y netas, pero también hay colores matizados, rojos que impactan. Hay retratos casi naturalistas pero también imágenes de corte surrealista.
En la obras de Iglesias Brickles fue avanzando la pintura, pero sin perder nunca la impronta del lenguaje gráfico, sostenida por los bordes negros que son los que contienen el color, por la ausencia de marco, y por la posibilidad de recomponer de lejos la imagen, como ocurriría en la cartelería callejera. Aparecen matices que cortan los plenos, que en obras anteriores eran mucho más homogéneos. Lo pictórico es muy fuerte, si bien sigue presente la textura de la gubia debajo del empaste.
Ausentes
La ciudad es efímera, y su destino final es el vacío y la ausencia. En sus cuadros, Iglesias Brickles atrapa calles perdidas, cruces y fachadas, que albergan las huellas de quienes ya no las habitan.
El saberse limitado es la tortura del hombre, pero a la vez es lo que le da el impulso necesario para la búsqueda de la felicidad. Y esta dualidad es la que encontramos a lo largo de las obras que componen esta muestra. El hombre es el único ser en la naturaleza que tiene conciencia de que va a morir. Por esto, y aunque sepa que sus días están contados, debe hacer de la vida una lucha digna de un ser eterno.
Mariela Alonso
Prof en Letras y en Historia del Arte, UNLP

































