Lascano Eduardo
Lo que no queremos ver
Ver en silencio
Imaginad que todo el mundo se detuviera de repente, en un instante determinado. Si esto sucediera y, a pesar de ello, continuara en los hombres el pensamiento, y pudieran recordar y juzgar lo que hicieron y lo que estaban haciendo, y pudieran considerar todo lo que han realizado desde su nacimiento y volver a pensar en lo que querían realizar antes de la muerte, ¡imaginaos cuánta desesperación ardería bajo el tétrico silencio de este mundo detenido de improviso!
Giovanni Papini, El espejo que huye.
Una estética silenciosa
Vivimos en una sociedad que hace de lo superficial un valor de verdad, de lo efímero y lo contingente el centro de su atención, y de la información que ella misma produce un orden divino; una sociedad que no premia ni reconoce el valor de los valores, que hace de la vida un espectáculo ruidoso. Y en ese espectáculo, que es un bombardeo permanente de demandas, exigencias y deseos insatisfechos, perdemos la oportunidad del silencio.
El silencio no es sólo ausencia de ruido: es un estado del alma que nos permite pensar, que nos lleva a la reflexión. Por eso podemos hablar del ‘silencio’ de la imagen, que es el silencio de la mirada atenta. Si apagamos el mundo, si nos resignamos a quedar afuera de la corriente incesante, encontramos el tiempo para mirar, para ver, para recuperar lo trascendente.
Las obras de Lascano nos obligan a mirar, y a ver aquello que negamos por ser demasiado triste, demasiado doloroso. En ese sentido, sus obras no sólo representan el silencio, sino que intentan distanciarse del ruido acelerado de las imágenes mediáticas, brindando un intervalo en el constante flujo de información que nos rodea.
La mirada crítica
Su pintura se ordena a partir de una estructura compositiva basada en la desmesura. Aquello que no queremos ver, que en la vida cotidiana es ignorado, pasado por alto, en los cuadros de Lascano es llevado intencionalmente a una escala monumental, hiperbólica, que reduce al mínimo los ruidos y las interferencias. Su paleta no presenta estridencias. Cuando éstas aparecen, lo hacen para marcar una distancia crítica de ese objeto, de ese ser, al que señala fuera de la armonía y la trascendencia de su universo.
Estas formas y colores dan a sus trabajos una atmósfera especial, y los transforman en una ventana a lo inmaterial.
Lascano nos obliga a ver, rinde culto a la mirada silenciosa.
Mariela Alonso
Curadora

































